Un verdadero caballero, jamás habla mal de una mujer


Acá vamos con una lección que debe ser dictada en casa, pero que en algunos casos en el hogar no fue importante impartir o bien, fue olvidada en el camino.

En principio, nuestra prudencia, compasión y empatía deberían ser suficientes para no hablar mal de ninguna persona, pero como seres humanos que somos, resulta para muchos una gran tentación el no exteriorizar lo que pensamos, con quienes sentimos la confianza para ello.

De lo que abunda en el corazón, habla la boca. Lucas 6:45


Vamos a hacer un paréntesis en el punto central de la entrada, para hacerles la invitación a revisar en su interior, cualquier cosa que les parezca que otro ha hecho de manera diferente a como eventualmente ustedes lo harían, cualquier cosa que ante sus ojos esté mal o pudiese estar mejor.
De cualquier juicio que se cruce en su mente, traten de identificar aquello que les genera ruido en otros, en ustedes mismos y si pueden ser honestos, se sorprenderán con los resultados.

Finalmente todos somos espejos y una de las principales utilidades de nuestras interacciones resulta de conocernos a través del otro. Ahora bien, en el caso específico de la manera de expresarse los hombres en relación a las mujeres, debemos reconocer que se trata de una práctica de respeto que se instauró en nuestra cultura desde hace muchísimos años, donde la mujer como precursora de la vida misma y en su cualidad de figura delicada, merece el respeto, la admiración, el cuidado y el afecto de quienes se vinculan con ella.

Un hombre que habla de forma negativa de una mujer se está exponiendo a la crítica y al rechazo, está demostrando su poca capacidad de respetar al género femenino, probablemente sea reflejo de un hogar donde el fuerte no fue el respeto y el cuidado hacia la mujer y a su vez demuestra inmadurez, falta de asertividad y pocos recursos para manejar diversas situaciones.

La elegancia del hombre está en la seriedad de su boca.
Fuente : En familia

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