Cuando acabas un largo tratamiento por perdida de la salud, no pienses en el sufrimiento que fue necesario afrontar, sino en la bendición de Dios que permitió tu curación.
Conserva en tu memoria durante el resto de tus días, las cosas buenas que surgieron de las dificultades.
Ellas serán un prueba mas de tu capacidad y te infundirán confianza ante cualquier obstáculo.


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