Estimados amigos, ¿saben ustedes en qué fecha se inició la serenata quiteña con la que año a año se saluda a la ciudad de Quito con motivo de su fundación?
Quizás para muchos de ustedes la fecha del 5 de diciembre lo asocien en forma general a las fiestas de nuestra ciudad, recordando su fundación al siguiente día, o mejor dicho la “resistencia quiteña” que en sesión solemne el Cabildo de Quito lo recuerda cada 6 de diciembre.
La presente redacción no pretende hacer referencia al hecho histórico que implica esa fecha, sino abordarlo desde el punto de vista musical.
Les informo que hoy 5 de diciembre del 2021 se cumplen 60 años del “Apoteosis” de la “SERENATA QUITEÑA”.
Para ese entonces la ciudad
“franciscana” y “conventual” ciudad de Quito tenía una población aproximada de 362.000 habitantes. (Actualmente es de 2´735.987 millones de habitantes).
Como Presidente de la República del Ecuador se encontraba el Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy y como Alcalde de la ciudad el Sr. Julio Moreno Espinoza.
Quito no era la gran ciudad que lo es hoy, en consecuencia, todos los moradores de los barrios se conocían unos a otros. En tal sentido eran muy conocidos personajes pintorescos como la del “Potolo” Valencia, el “Sordo piedra”, el “Águila quiteña”, “El terrible Martínez”, “El taita pendejadas”, “El diablo ocioso”, “La Torera”, el “Pollito” Ortiz, entre tantos. Pero sobre todos ellos figuraba el verdadero “Chulla quiteño”, que si bien no tenía “medio” en su bolsillo, lucía bien vestido y se las arreglaba para “vivir al día”.
Este fue el ambiente que acompañó al surgimiento de la “Serenata quiteña”, donde la Capital de la República era una ciudad muy tranquila y pacífica, características que desgraciadamente ya no son comunes en los tiempos actuales.
Y para reseñar este acontecimiento musical que puso muy en alto el nombre de nuestra ciudad, tenemos que retroceder en el tiempo dos años atrás.
En diciembre del año 1959 que dio inicio la serenata quiteña. Radio Quito “La Voz de la Capital” pidió al ya famoso dúo Benítez-Valencia, que en el programa “Canciones del Alma” recuerden a los radioyentes la costumbre española de despertar en horas de la mañana (5 de la mañana) a los vecindarios con cánticos, pero esta vez dedicados a enaltecer nuestra ciudad. A esto se le conoció como el ALBAZO.
A decir de don Jorge Zaldumbide Cáceres (Fallecido en el 2017), cofundador de Radio Nacional del Ecuador y testigo presencial de la primera serenata quiteña en la Plaza Grande en 1959, este acontecimiento si bien llamó la atención de los quiteños no tuvo la acogida esperada. Para Gonzalo Benítez (primera voz del dúo Benítez-Valencia) si la tuvo y fue un rotundo éxito.
Al llegar diciembre del año 1960, nuevamente Radio Quito pidió al Dúo Benítez-Valencia su colaboración para dar serenatas al alcalde y a otras autoridades.
Pero fue el 5 de diciembre de 1961 donde en forma abrumadora y apoteósica se hizo el homenaje a nuestra ciudad.
En ese entonces, el diario “El Comercio” y especialmente el diario vespertino “Últimas Noticias”, conjuntamente con Radio Quito “La Voz de la Capital”, fueron los medios de comunicación de gran aceptación por los capitalinos que sirvieron de instrumento para que en ese año la serena quiteña haya sido todo un verdadero éxito.
En la mente de Gonzalo Benítez y de Luis Alberto Valencia y sobre todo de este último, “El Potolo”, nació la idea de homenajear a Quito como ella se merece, la Capital del Ecuador, y concibieron un proyecto que fue tomando forma con la colaboración del Jefe de Redacción de “El Comercio”, Sr. Luis Banderas” y del Sr. César Larrea del vespertino “Últimas Noticias”.
¿Cuál fue ese proyecto? Saludar a Quito mediante una serenata transmitida desde la Plaza Grande, contando también con la colaboración del Dúo Benítez-Valencia, Bolívar “Pollo” Ortiz y la Estudiantina Santa Cecilia dirigida por el músico Humberto Bermúdez, en el atrio de la Catedral Metropolitana.
Fue en la noche del 5 de diciembre de 1961 donde toda una muchedumbre se concentró en la Plaza Grande para participar de este magno acontecimiento.
Al compás de melodías de “El Chulla Quiteño”, “Balcón quiteño”, “La tuna quiteña”, “Qué lindo es mi Quito”, “El farrista quiteño”, “El paisano”, “Quiteña linda” y otras canciones se cantó a la “Muy Noble y Leal Ciudad de Quito”.
Radio Municipal y Radio Nacional del Ecuador fueron los encargados y responsables de transmitir la serenata. Lamentablemente debo expresar que dichas emisoras no tienen un registro sonoro de lo que aconteció en la velada quiteña.
Cabe destacar que esa noche ocurrió un hecho anecdótico con una prenda vestir de nuestro querido Luis Alberto Valencia. Previa a su presentación, el dúo Benítez-Valencia encargaron sus abrigos a gente del público. Pero terminado el evento Luis Alberto le preguntó a su compañero Gonzalo: “¿sabes a quién encargué mi abrigo”. “Imposible saberlo”, le respondió.
A los dos días el diario El Comercio en solidaridad con Luis Alberto, sacó un remitido pidiendo la devolución del abrigo por parte de aquella persona que se quedó con él.
Nadie devolvió el abrigo, pero estoy seguro que la persona que tiene en su poder esa prenda del “Potolo” Valencia, lo guarda como con gran tesoro que no tiene precio.
Al día siguiente, esto es, el 6 de diciembre, seguramente muchos de los quiteños guardaban descanso luego de la velada quiteña, unos “chuchaquis” y otros en pie recordando la noche inolvidable.
Por Facebook tendré la oportunidad de compartir al público que lee estas líneas, unas fotos tomadas por el célebre fotógrafo Luis Pacheco y su hermano Francisco, donde van a poder apreciar los pormenores de la fiesta quiteña.
Claro está que, al amanecer del 6 de diciembre, la Plaza de la Independencia, Plaza Mayor o Plaza Grande quedó muy dañada, especialmente sus jardines, porque la muchedumbre pisó sin compasión las plantas que servían de ornato de ese lugar.
Para el año de 1962, el vespertino “Ultimas Noticias” sirvió de medio para inscribir a todas las señoritas nacidas un 6 de diciembre, para que sean objeto de una serenata dada por el dúo Benítez-Valencia. Fueron tantas las inscritas y las homenajeadas que el dúo Benítez Valencia, seguramente con sus gargantas hinchadas ya no daban más. “Nuestras gargantas no son de palo”, se quejaron en alguna ocasión.
Con motivo de esta maratónica proeza musical cumplida por los “Potolos”, se escuchaba a la gente quiteña decir: “Duélete de mis Valencias”.
Es necesario puntualizar que este dúo dio una serenata especial a los niños del viejo Hospital Baca Ortiz y a los niños del Orfelinato San Vicente de Paúl, con el acompañamiento en el acordeón del maestro Víctor de Veintemilla, célebre compositor de la tonada “Mi Panecillo querido”.
Luego el dúo con don Víctor de Veintimilla se trasladaron al dominico de Gonzalo Benítez, donde dieron una serenata a su esposa doña Inés Calixto y a su hijo de nombre Santiago, que por esas fechas había cumplido 3 años de edad.
La partida de la Serenata Quiteña que tuvo su inicio en 1959, su consolidación en 1960 y su apoteosis en 1961, sirvió para que, en los años subsiguientes en la temporada de las fiestas de Quito, se organicen varios programas que tenían como fin rendir homenaje a nuestra ciudad. Se crearon frases o slogan para subir la autoestima de los quiteños.
En el año de 1964 se dio paso a la “Serenata Aérea” organizado por la FAE y con la colaboración de artistas nacionales que cantaban canciones alusivas a Quito, desde unos aviones con poderosos alto parlantes.
En 1965, el vespertino “Últimas Noticias” redactó las “Cartas de Sampedro”, para pedir a Sampedrito que cierre con sus llaves el cielo, para que no llueva durante días en que se iba a festejar a Quito.
Se instituyó el campeonato del juego de 40 en 1968, donde la “sal quiteña” se expresaba de manera espontánea y donde frases muy jocosas salían y salen hasta hoy de boca de sus jugadores: “Marido tiene”, “Toma por zhunzho”, “Dos por mudo”, etc.
Los primeros campeones del cuarenta fueron los periodistas deportivos Alfonso Lasso Bermeo, conocido como “Pancho Moreno” y Gilberto Mantilla.
Se organizó las carreras de coches de madera y por supuesto y no podía faltar las corridas de toros, con la participación de toreros y banderilleros nacionales y españoles, que se lucieron una vez que la monumental Plaza de Toros de Quito, que fuera fundada en 1960.
No podemos olvidar la “Minga de la quiteñidad”, para embellecer a nuestra ciudad y que tuvo su origen en 1963, logró mayor madurez en 1975 hasta la presente fecha.
Y los “Pregones en el atrio de la Plaza de San Francisco”, que dan el punto de partida de las fiestas de la ciudad.
La gastronomía típica del Ecuador también se hace presente en estas fiestas y en distintos lugares de la capital, ahora acompañados de emprendimientos para promocionar y vender artículos de diferente índole, con el acompañamiento de juegos tradicionales.
Puntualicemos que estas fiestas estuvieron y están engalanadas con la elección de la Reina de Quito, acto que llena de belleza las fiestas de la ciudad.
Hubo un tiempo en que las Fiestas de Quito experimentaron un notable deterioro, porque estuvieron mezcladas con el abuso del consumo de licor y también se vieron empañadas por la tristeza y la nostalgia debido al fallecimiento prematuro de uno de los gestores y actores intelectuales de la serenata quiteña, Luis Alberto “Potolo” Valencia en el año de 1970.
Cuatro años más tarde, en 1974 también fallecía lejos su lugar natal, en la “ciudad de los rascacielos”, New York, otro de sus protagonistas, el gran guitarrista y compositor Bolívar “Pollito” Ortiz, compañero “de fórmula” del Dúo Benítez-Valencia.
Si embargo de ello, las fiestas continuaron con la participación de retretas donde tuvieron un gran papel las bandas como la Banda del Municipio de Quito, dirigida por el maestro Ernesto Rivadeneira, orquestas como la “Salgado Junior” dirigida por el maestro Pepe Salgado de “Don Medardo y sus Players” por don Medardo Luzuriaga, “Los Titos”, entre otros.
¿Quién no bailó al son de la música de estas dos últimas orquestas en el “Amazonazo”, el “Versallazo” o en el “Chavezazo”, allá por la década de los setenta y ochentas?
Bandas y orquestas que penosamente más tarde fueron reemplazados por el uso del sintetizador y por la música del disco móvil manejadas por los disjokers.
Las “chivas” también se han hecho presente para homenajear a Quito, transportando personas y haciendo un recorrido musical por algunas de las calles más conocidas de la ciudad.
En un “abrir y cerrar de ojos” han pasado ya 60 años de aquel apoteósico día de la Serenata Quiteña. Penosamente debo informar al público que otros de sus protagonistas también han “partido a mejor vida”, mencionemos el caso de Don Gonzalo Benítez que falleció en el 2005 y don César Larra en el año 2017.
A pesar del tiempo transcurrido seguimos festejando a Quito, pero de diferente manera, unas tradiciones han desaparecido como las corridas de toros. Unos programas se han conservado y otras se han incorporado a lo largo de los años, tal el caso del Festival del Pasacalle, instituido en 1993, las Ferias de Quitumbe y la Carolina en el 2012, y en los últimos años se ha sumado el Homenaje al dúo Benítez-Valencia, que hace pocos años fue declarado “Patrimonio intangible” de nuestro país, etc.
En lo que va del año 2020 hasta la presente fecha y con motivo de la última pandemia que azota al mundo, la tecnología se ha puesto de manifiesto al servicio de los quiteños para festejar a nuestra querida ciudad en una forma muy distinta a la de sus orígenes. (A través de la pantalla de un televisor, de un computador, tablet, una laptop o un celular).
Permítanme terminar esta reseña recordando a los quiteños y ecuatorianos en general el verdadero sentido de esta fiesta, haciendo un llamado a la unidad, a la fraternidad, a la hospitalidad que siempre ha caracterizado a los quiteños. Que en estos tiempos de pandemia nos cuidemos con las debidas medidas de bioseguridad y que dejemos a un lado los desafueros, el abuso del licor, para evitar las consecuencias negativas que de él se derivan.
Si en esta reseña he omitido nombres o algún episodio importante, desde ya les ofrezco mis más sinceras disculpas.
En este momento les invito a todos ponernos de pie y en el lugar en que nos encontremos, gritemos juntos a viva voz:
¡QUÉ VIVA QUITO!





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